No lo conozco. Me escribió un correo-e que merece ser compartido. Curiosidades de la gran WEB: relaciones interpersonales no presenciales aportando ideas. Léanlo con atención, allá va.
(Ahora que vienen elecciones todos se acuerdan de la inundación de 2003, esa que olvidarán cuando se hayan contado los votos.)Por
“Un nativo de Emilia” y
Juan Carlos Sánchez
NOTA: Republicamos este correo-e que fuera nota de
PyD en 2003
Estimado Juan
He leído tu artículo "Lo que el agua trae, el agua lleva"
Quería aportarte algunas otras ideas que se gestan entre los "gringos" de Emilia, como vos decís, aunque tengo que recordarte que "gringos" son los yanquis ("vestidos de verde" es lo que quiere decir) y no tiene nada que ver con los argentinos y menos con los descendientes de italianos o franceses de 3º o 4º generación como somos nosotros.
Desde la década del 70' nosotros venimos alertando sobre lo trágico que puede llegar a ser el hacinamiento en las grandes urbes, donde muchos de los nuestros han ido a parar enceguecidos por las seudo-comodidades y por la renta fácil de la que ficticiamente esperaban vivir en épocas de inflación los que vendían máquinas y campos para poner el dinero a plazo fijo. Muchos de ellos hoy viven de los 150 $. (Se refiere a los Planes Jefes y Jefas de Hogar).
Pero lo trágico fue la falta total de planeamiento urbano que ha tenido la ciudad de Santa Fe, donde hoy hay más de 100.000 personas viviendo en lo que conocemos como "el bañado" del Salado. Aquí, en el bañado, no ponemos ni los comederos de las vacas, y allá el estado ha construido barriadas enteras, incluso con propiedad horizontal, y sin prever las estructuras de servicio necesarias. Tampoco hay planeamiento productivo (de qué puede llegar a vivir toda esa gente). Yo no viviría ni loco en un lugar que está 5 metros más bajo que el terraplén que contiene a un río como el Salado.
Para peor, el hecho de que Santa Fe esté "encajonada" por ríos provoca un sinnúmero de consecuencias, sobre todo de comunicación, cuando sucede una catástrofe.
Otra consideración: se ha comparado esta catástrofe con la de las torres gemelas... y nada que ver. Lo de las torres fue un evento que se circunscribió a una cuadra e involucró a unas 3000 personas y donde había (solo dentro de la isla) mínimamente 15 unidades de emergencias, bomberos y socorros. Aquí estamos hablando de kilómetros cuadrados con más de 100.000 personas y donde a duras penas andan los carros de la única estación de bomberos. Todavía no sabemos como vamos a andar con la cantidad de víctimas y quizás el único parecido es que en ambos casos se dejó que ocurra nomás.
Respecto al "Lole" yo no sería tan lapidario. Si bien era mi admirado cuando piloto, y dejó de serlo cuando decidió incursionar en la política, me da la impresión que le dijo sí a Menem, porque pensó que podía hacer mucho bien para la Provincia, y como la única forma de comparar sería viendo que hubiera hecho otro en estos casi 10 años, jamás lo sabremos.
Saludos:
Un "nativo" de Emilia¿Leyeron?
No se priva de nada el "nativo" de Emilia y suavecito y con respeto pega en el arco, recibe el rebote y mete el gol.
Dice que desde los años '70 se viene construyendo en los bañados del salado. Se queda corto. No es solamente en el oeste urbano donde se cometió tamaña barbaridad, sino también en el este, donde la Ciudad Universitaria, la Facultad de Ciencias Hídricas, el barrio El Pozo y algunas cosillas más, taponan el sistema de la Setúbal/Leyes, que alguna vez los hará colapsar.
Más allá, hacia los pagos de los "duendes de arena" de San José del Rincón, se establecieron comunidades enteras en zonas inundables, defendidas por obras de ingeniería poco cuidadas y mantenidas.
Reincidiendo, a la zona del desastre santafesino volverán a asentarse la gran mayoría de los inundados. Encuestados (lo dice Retamar y Asociados), insisten en retornar a barrio de sus recuerdos, allí donde se criaron y criaron a sus hijos; donde están sus afectos y sus amigos, la escuela, la iglesia, la plaza, el baldío, el almacén que les fía y la esquina del primer beso adolescente. ¿Cómo negarles todo eso?
Reconstruir cascotes es tarea de técnicos; pueblos, de estadistas; personas, de enamorados.
El desafío es: Habiendo construido, edificado en zonas de riesgo; hecha la "macana", ¿cómo arreglarla?
Quizá el oeste ciudadano sea relativamente fácil; quizá baste con ampliar generosamente la luz del puente de la Autopista Santa Fe-Rosario, terminar la defensa inconclusa y atender minuciosamente las variaciones emocionales del río; es incontrolable pero previsible como todo río de llanura. Los "nativos" de Llambi y de Emilia veían venir algo grande, tal como se dijo desde esta columna.
La opción de erradicar los barrios y trasladar sus poblaciones hacia el norte de la Ciudad es compleja. Hay que pensar en alrededor de 4 o 5 mil viviendas; de entre 20 y 30 mil personas o más; en escuelas, centros recreativos y comerciales, en asistencia sanitaria, en fin, en todo lo que hace a una pequeña ciudad. Pero y lo que es quizá más grave, hay que imaginar sistemas de transporte muy baratos que permitan llegar rápido al centro transportando personas, bultos, bicicletas y todo aquello imaginable que ocupados, desocupados y consumidores portan cuando salen y regresan a los barrios inundados hoy cercanos al casco céntrico. Son demasiados los que sobreviven gracias al centro, a las changas, a los cartones, a la limpieza de parabrisas y, en general, a todo lo que los más pudientes proveen.
Aunque fundamentalmente, hay que pensar en las relaciones humanas y en los afectos, en lo que las personas sienten piel adentro, más que lo que sufren piel afuera, que de eso, ya están acostumbrados y aunque el hambre duele adentro, también uno se acostumbra.
El humano no vive solo de pan de allí que la cuestión social no es económica sino moral.
Dado este aserto, la reconstrucción de Santa Fe es un problema moral más que económico; compete a la intimidad de las personas y eso no se arregla solamente con dinero. Del dinero, hablaré en otra nota, por ahora, me limito a invitarlos a releer el correo-e enviado por el "nativo" de Emilia. Es el motivo de esta nota y lo dice todo por sí.
Plantea el debate que necesitamos los santafesinos abarcando generosamente la planificación urbana, los servicios esenciales, la prevención, la organización comunitaria y de postre, la búsqueda de responsabilidades desde que todo empezó con los primeros asentamientos consentidos por la autoridad política de la Ciudad.
Rastreando el pasado quizá lleguemos a descubrir que más allá de las fidelidades partidarias o de los patrones genéticos o de los modelos armados, ha llegado la hora de la imaginación y del compromiso solidario, superador de antinomias estériles y eso reconstruirá Santa Fe desde el hombre mismo y para él.
Publicado en
PyD el 04/06/2003
* * *
A modo de auto reproche.
Si hay algo que detesto es el aborto y el suicidio. Sin embargo me suicidé muchas veces. Una de ellas cuando escribí eso que copio a continuación en una nota luego de la inundación de 2003.
Me equivoqué feo, muy feo. Las aguas no se llevaron a Reutemann, ganó las elecciones siguientes, lo votaron los inundados, los vecinos de los barrios, todos. Lo seguirán votando. Tiene razón ese “nativo de Emilia” a quien nunca pude conocer.
Es que el “gringo de Llambi que no se pierde en París” jugó apostando fuerte con sinceridad. Puso la cara en la vidriera y es difícil hacerlo, de cojonudos.
Leyendo las líneas que siguen entenderán por qué pese al suicidio, hoy respiro aliviado. Me equivoqué.
JC
PD: Carlos Alberto, te mereces este mea culpa. No es que resucité, falló el suicidio.
Ahora que de nuevo sos candidato aparecen los “mojados”. Estaban en la campaña de la Nueva Alianza (no el Nuevo Testamento). Le buscan la quinta pata al gato. Calma, no tiene cinco. Están en campaña de nuevo, mentirán como cuando decían que estaban preparados para gobernar.
Lo que el agua trae, el agua lleva
En 1991 una inundación trajo a Carlos Alberto Reutemann al principal escenario político de la Provincia de Santa Fe y lo proyectó a la Nación.
En 2003... Lo que el agua trae... el agua lleva.
Por
Juan Carlos Sánchez(…)
Final de la nota con una reflexión personal y en primera persona, vicio no oculto de mi vocación de escritor.
Tanto repensar las cosas, tanto temer el pago de costos políticos, tanta prescindencia, tanto decir "gre-gre para decir Gregorio", tanta indecisión, nos llevó a esto.
Como santafesinos, al desastre. Como peronistas --y jamás negué ni negaré que lo soy--, a la derrota.
Lo quiero a Reutemann, como persona, como vecino, como "gringo de Llambi que no se pierde en París" y me duele escribir esta nota como tantas antes, en las cuales no pude ser gentil con mis amigos o satisfacer mis afectos. Pero no quiero mentirles ni mentirme, soy adicto a la verdad y no mido el precio a pagar por ello; estoy seducido por la Verdad y desprecio la conveniencia.
Por eso no puedo dejar de sentir bronca y no es coyuntural, no florece impulsivamente. La he rumiado, reflexionado, masticado. Me ha dolido.
Por eso escribo mordiéndome, que este es el final de Reutemann, un final anunciado, un final injusto, porque es un buen hombre, un buen vecino, pero un final previsible. Se quedó en el techo esperando que las aguas no lo alcancen, no cuidando lo que podía perder, sino temiendo lo que pudiera pasar.
Por eso las aguas se llevan lo que trajeron.
03/05/03